Debate

ANÁLISIS

Litio x 2: Obsesiones y valor agregado

Litio y valor agregado

MINING PRESS/ Economía y Negocios

GUSTAVO LAGOS

Hemos escuchado y leído insistentemente que al litio sí que hay que sacarle valor agregado, no como al cobre, el que vendimos casi en bruto, sin procesar. 

Me propuse averiguar lo que las personas alrededor mío entienden como valor agregado. Por supuesto, no es una muestra representativa de los chilenos. Le pregunte a unas 25 personas entre familiares y conocidos ¿Qué es el valor agregado? Cerca del 80% me indicó que este tenía que ver con la fabricación de un artefacto manufacturado, con los procesos industriales, con hacer cosas materiales. Me quede con que la idea era que, a mayor complejidad, mayor valor agregado. Una proporción menor de personas me indico que el trabajo también era valor agregado. Y, finalmente, algunos reconocieron que no sabían lo que era. 

De acuerdo a esto, fabricar un televisor tendría mayor valor agregado que fabricar una silla, y muchísimo más que producir un concentrado de cobre o carbonato de litio. 

¿Es correcto este concepto? No. El valor agregado generado por una industria o por una empresa es aproximadamente igual a sus utilidades más el costo laboral. Es decir, el valor agregado no distingue entre manufactura, multi-tiendas, empresas de software, de alimentos, de servicios, culturales, comunicaciones, mineras, o petroleras. Es cierto que hay varias formas de calcular el valor agregado, pero todas ellas debiesen llegar a resultados similares. El valor agregado que genera un país es igual al producto interno bruto. Los impuestos, los gastos en stakeholders, los dividendos repartidos a los accionistas, y la reinversión son parte del valor agregado distribuido por una empresa.

Entre las 10 empresas top en valor agregado en el mundo en 2016 según la revista Forbes, había 5 que fabricaban artefactos tecnológicos, Apple, Samsung, IBM, Intel, y Taiwan Semiconductors. Las otras cinco no fabricaban algo físico, pero también eran tecnológicas, Alphabet, Microsoft, Cisco, Oracle, y Facebook. 



En 2011, en cambio, cuando el super ciclo estaba en su cúspide, entre las 10empresas globales con mayores utilidades había5 petroleras, 2 bancos, 2 tecnológicas, y una de software. Entre las 20 primeras había cuatro veces más empresas mineras y petroleras que empresas tecnológicas. 

Esta evidencia permite sacar varias lecciones. Cuando el precio de los commodities minerales es alto, como en 2011,las empresas mineras y petroleras crean un valor agregado muy grande, mucho mayor que el de las empresas tecnológicas. 

En cambio, cuando el precio de los commodities minerales es bajo, las utilidades de las mineras son pequeñas y el empleo puede llegar a constituir más del 50% del valor agregado.

Tercero, las empresas tecnológicas muy avanzadas producen bienes de altísima calidad que concitan la preferencia de los consumidores, y pueden fijar, por ello, alto precio a sus productos, generando cuantiosas utilidades. Para lograr esto tienen que invertir muchísimo en innovación– es decir tienen que generar ideas nuevas y productos nuevos, y deben, por ello, modernizar sus plantas productoras frecuentemente. Los casos de Apple, Samsung, las grandes farmacéuticas, Nestlé, y otras, son ejemplos de empresas con altos presupuestos para innovación y alta inversión en nuevos métodos de manufactura.

Mientras que el éxito de las empresas tecnológicas depende casi exclusivamente de la innovación y de la calidad de sus productos, las empresas de commodities deben una parte importante de su éxito a la exploración y descubrimiento de yacimientos de clase mundial. 

Cuarto, si las empresas tecnológicas tienen poca innovación pueden tener grandes pérdidas, destruyendo valor agregado. De las 10 empresas que tuvieron mayores pérdidas en toda la historia mundial hay siete bancos y tres tecnológicas. Entre estas últimas están JDS Uniphase, Qwest Communications y General Motors. 

El salitre y el cobre fueron los dos productos que produjeron mayor valor agregado por lejos desde la independencia del país. Con el último superciclo (hubo otros antes) Chile cuadruplicó su presupuesto fiscal y creó los dos fondos soberanos que tiene. Una parte relevante de los beneficios sociales que provee el Estado se lo debemos al cobre. 

La estrategia de desarrollar la manufactura que Chile siguió a mediados del siglo XX, fue posible, en cambio, solo debido a que estuvo acompañada por altos aranceles de protección. Una vez que se impuso la globalización, con la caída de barreras arancelarias, prácticamente desapareció la manufactura. 

Entonces, el concepto de valor agregado que posiblemente tienen los chilenos es una reminiscencia del siglo XX. ¿Estoy diciendo con esto que no vale la pena intentar manufacturar algo en el país? No. Lo que estoy pensando es que para que ello sea exitoso hay que encontrar los nichos en que haya ideas verdaderamente innovadoras y a la vez protegibles comercialmente en el país. Por ejemplo, fabricar cátodos de litio directamente desde los salares, sin olvidar, sin embargo, que el valor agregado obtenido de la producción de una tonelada de litio es muy grande porque tenemos el yacimiento de menor costo del mundo, el Salar de Atacama, con el 50% de las reservas mundiales. 

Buscar innovar en áreas de alta tecnología es una estrategia correcta, que siguieron los países desarrollados hace décadas, pero ello tiene que ver con la necesidad de diversificación y sofisticación de la matriz productiva, cultural y social del país y no con el valor agregado. 

*Profesor UC

Litio y obsesiones

LA RAZÓN

Hay una fijación casi obsesiva en algunos proyectos minero-metalúrgicos en nuestro país que se da en periodos considerables (generalmente décadas) en los que por diferentes razones éstos no pierden vigencia, pero tampoco se concretan, y una vorágine de propaganda y de retórica política reemplaza el raciocinio técnico y permite seguir soñando en ellos. Muchas veces considerados “elefantes blancos” siguen como propuestas válidas. Ejemplos hay muchos, categorías también: Mutún, Karachipampa, Corocoro, salares, refinerías de zinc, etc. son algunos que se pueden mencionar donde la obsesión supera en muchos casos al raciocinio.

Pretendo hoy referirme a nuestro proyecto estrella, el litio (más potasio, sodio, boratos) del Salar de Uyuni, del cual se habla mucho y se gastan torrentes de tinta y horas de entrevistas en los medios. En este proyecto hemos depositado la esperanza de todo un pueblo sobre el renacimiento de la minería y el nacimiento de la industrialización de los metales en Bolivia. Pretendo un análisis reflexivo y pragmático sobre el metal y su mercado, aspectos que definirán nuestra suerte.

El litio es un metal muy liviano, altamente reactivo y de fuerte potencial electroquímico. Esto lo hace ideal (entre otras aplicaciones) como componente de electrodos de baterías de uso múltiple, y ha causado una batalla por el control de su cadena de producción e industrialización por la premura que vive el mundo de usar energías alternativas no contaminantes en maquinarias, equipos y automóviles. El litio es un elemento abundante en la naturaleza y se presenta en minerales primarios de algunas rocas y en concentración en lagos salinos. Se lo comercializa como carbonato, hidróxido monohidratado, bromuro, cloruro y como mineral primario. El carbonato es el más comerciable en el mercado, y a diferencia de otros commodities no tiene niveles de referencia y el precio de venta se acuerda directamente con el consumidor final. Estas características causan la premura de asegurar contratos a largo plazo en los que se han concentrado actualmente los grandes fabricantes de baterías y de automóviles híbridos y eléctricos.

El mercado actual tiene una demanda de 206.203 toneladas/año de carbonato de litio equivalente (LCE), y una oferta de 192.553 t/año de LCE. El déficit del 7% se reducirá este año con la puesta en marcha de proyectos nuevos que producirán cerca de 41.000 toneladas/año de LCE (Hybrid cars, Seeking Alpha, BYD y otras fuentes). El 70% del mercado lo dominan Albemarle Corporation (EEUU) 33%, FMC (EEUU) 12% y SQM (Chile) & Rockwood Lithium (EEUU) 25%; el resto lo disputan China y algunas empresas menores de Occidente. Nuestro proyecto, de ser realidad algún día, tendrá que lidiar en este estrecho margen o aliarse con una de las grandes empresas si se quiere tener éxito.

Como alguna vez apunté en esta columna, el tener los mayores recursos minerales en el país no significa ninguna preeminencia en el mercado. El litio es abundante y barato (el precio promedio del carbonato en 2016 fue de 6.800 $us/tonelada, con un pico efímero cercano a los 13.000 $us/t). Su uso en baterías de ion litio para autos, equipos y en generadores de energías alternativas es a esas tecnologías como el cuarzo a los relojes de cuarzo, el cacao al chocolate o la arena a los chips de computadoras (J. Aleé, director del Centro de Innovación del litio de la Universidad de Chile, dixit). Los ganadores en esta batalla no serán los productores de materia prima, sino las empresas que dominen las tecnologías y el mercado. La obsesión de conducir el proyecto a nuestra manera nos hará perder el tren de la historia si no lo adecuamos a las tendencias actuales.

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