La Era Trump

ANÁLISIS

Wolff: Trump recibe una economía problemática. Moisés Naím: Falta de equipo

El nuevo gobierno de los Estados Unidos recibirá una economía repleta de problemas

FINANCIAL TIMES

MARTÍN WOLFF*

Tendrá que lidiar con un mediocre crecimiento de productividad, alta desigualdad, creciente reducción del mercado laboral y una menor tasa de creación de nuevas empresas

En el país de los ciegos, el tuerto es rey. La economía estadounidense muestra significativas fallas. Pero es un rey si se la compara con sus pares. Se ha recuperado de la Gran Recesión, la tasa de desempleo es baja y los ingresos reales están en alza. También posee una perdurable supremacía en nuevas tecnologías.

Sin embargo, la próxima administración recibirá un país con un mediocre crecimiento de productividad, una elevada desigualdad, un creciente descenso del mercado laboral y una menor tasa de creación de nuevas empresas y puestos de empleo. Al menos la posición fiscal norteamericana no es una amenaza realmente urgente. Eso es esperanzador, dado que probablemente no se haga mucho sobre ese tema.

La crisis financiera de 2007/2009 fue un acontecimiento devastador desde el punto de vista económico y político. Pero el PBI real per cápita llegó a su punto mínimo en el segundo trimestre de 2009 y se recuperó a los niveles pre-crisis en el último trimestre de 2013. En forma similar, la tasa de desempleo llegó al 10% en octubre de 2009 pero ahora está otra vez en 4,9%. El sector financiero también está ahora en mucho mejor forma que durante la crisis.


Demasiados observadores casuales dan por sentada esta rápida recuperación. Pero la Gran Recesión podría haber sido otra Gran Depresión. Requirió de una audaz acción por parte de la Reserva Federal, de la administración de George W. Bush y del gobierno de Barack Obama darle un giro a la economía tan rápidamente. Todos se beneficiaron en gran medida de este éxito.


Sin embargo, la crisis dejó profundas cicatrices. En el segundo trimestre de 2016, el PBI real per cápita fue sólo 4% superior al pico máximo anterior a la crisis, pero ese nivel fue hace casi nueve años. La productividad laboral subió lentamente desde la crisis –si se la compara con los estándares históricos–, en gran parte como resultado de que hubo una débil inversión. Un estudio señala que el producto potencial de EE.UU. está 7% por debajo de los niveles que sugerían las tendencias pre crisis. Sin embargo, el crecimiento promedio de la productividad laboral norteamericana, si bien está cediendo lentamente, superó la de otras importantes economías de altos ingresos en los últimos 15 años. Esto se debe probablemente a su dominio de la innovación en alta tecnología: la capitalización agregada de las cinco compañías tecnológicas más grandes de Norteamérica actualmente es superior a u$s 2,2 billones.

 

Sin embargo, las cicatrices que dejó la crisis, entre las que se encuentran la menor confianza en la honradez y competencia de las élites financieras, intelectuales y funcionarios de alto rango, se sumaron a otras anteriores.

El ingreso promedio de los hogares subió 5,2% entre 2014 y 2015. Pero sigue por debajo de los niveles anteriores a la crisis. De hecho, es inferior a los niveles alcanzados en 2000 y hasta cayó en relación al PBI real per cápita en forma constante desde mediados de la década de los setenta. Esta evolución ayuda a explicar la marea de desilusión, incluso desesperanza, que tan claramente se observó en esta nefasta elección.

No sorprende que la desigualdad haya aumentado abruptamente. Entre 1980 y el período más reciente, la participación del 1% en los mayores ingresos antes del pago de impuestos pasó de 10% a 18%. Incluso después de impuestos, subió en una tercera parte, de 8% a 12%, El incremento de la remuneración de los CEO, en relación con el salario de los trabajadores, ha sido enorme. Estados Unidos tiene más inequidad que cualquier otro país de altos ingresos y registró el alza más pronunciada entre las siete principales economías de mayores ingresos. La divergencia entre esos países sugiere que la creciente desigualdad es mucho más una elección social que un imperativo económico.

Estrechamente relacionada con la mayor desigualdad se encuentra la caída de la participación de la mano de obra en el PBI de 64,6% en 2001 a 60,4% en 2014. Los trabajadores no sólo se han perjudicado por representar una menor porción de la torta. Igual de importante es la constante suba en la proporción de hombres de entre 25 y 54 años que no trabajan ni buscan hacerlo: de 3% en la década del cincuenta al actual 12%.

No menos problemática es la caída del dinamismo económico. La tasa de creación de empleos nuevos se desaceleró fuertemente, al igual que las tasas de migración interna. El índice de empresas nuevas que desembarcan en el mercado también viene disminuyendo hace un extenso período, al igual que la proporción de las fundadas hace menos de cinco años tanto en la cantidad total de compañías como de trabajadores. Mientras tanto, la inversión fija de las empresas ha sido sostenidamente débil. La evidencia también sugiere una creciente variación en los retornos sobre el capital. Estas son tendencias de largo plazo, no sólo eventos posteriores a la crisis.

La pérdida de dinamismo quizás no sólo esté relacionada con la menor productividad sino también con los cambios en la distribución del ingreso. Si la presión competitiva está disminuyendo, surgirán o se fortalecerán las posiciones monopolísticas (sólo un vendedor en el mercado) y monopsonísticas (solo un comprador en el mercado). El derrumbe del sindicalismo y la caída de los salarios mínimos relativos refuerzan el poder asimétrico de las empresas y de la mano de obra en el mercado. Los derechos de propiedad intelectual también pueden ser una gran barrera para la competencia. El surgimiento de nuevas barreras regulatorias es alarmante. Entre los sorprendentes cambios se encuentra la mayor proporción de trabajadores con permisos profesionales emitidos por un estado en particular. Esas licencias deben ser un gran obstáculo para el fácil movimiento entre un estado y otro.

Teniendo en cuenta todas sus fortalezas, a la economía estadounidense podría irle mejor. Además de las tendencias antes mencionadas, la deteriorada infraestructura, el peor desempeño educativo y el terrible código de ordenamiento tributario constituyen grandes desafíos.

No permitir el ingreso de inmigrantes y detener las importaciones serían medidas que perjudicarían al país. Estados Unidos debe construir sobre la base de sus fortalezas históricas derivadas de su economía abierta y dinámica, y contar con la acción del gobierno para mejorar la infraestructura, investigación, educación y diseñar políticas impositivas y regulatorias equilibradas. La nueva administración necesita contar con el correcto diagnóstico y la cooperación del Congreso. Los chanchos también podrían volar.

*Periodista Financiero de FT

Moisés Naím: “La falta de equipo es el desafío más relevante para Trump”

LA TERCERA

Considerado uno de los columnistas más leídos en el idioma español y elegido como uno de los intelectuales más destacados del mundo en 2013 por la revista británica Prospect, el influyente analista y economista venezolano Moisés Naím conoce bien los vericuetos del poder en Washington. Tras dirigir por 14 años la revista Foreign Policy, en 2010 se integró como miembro distinguido del Carnegie Endowment for International Peace, un connotado think tank de la capital estadounidense. En esta entrevista con La Tercera, el autor de El Fin del Poder (2013) y Repensando el Mundo (2015) analiza, entre otras cosas, las razones del triunfo del candidato republicano Donald Trump y los desafíos que le esperan una vez que se instale en la Casa Blanca.

A su juicio, ¿cuáles son las razones que explican el triunfo de Donald Trump en estas elecciones presidenciales?
Hillary Clinton, una candidata con altísimos indicadores en contra, con un país al que no logró entusiasmar y que, a pesar de ser mujer, no pudo movilizar suficientemente a los jóvenes, a las mujeres, a los votantes. Y no supo, no pudo, contener las agresiones y el manejo no ortodoxo de Trump.

Y respecto de los desafíos que enfrentará Trump como Presidente, ¿cuáles considera que son los más relevantes?
Está la falta de equipo. Trump no tiene realmente un equipo profesional. Los más relevantes y destacados expertos en economía, en relaciones internacionales, en políticas públicas del Partido Republicano han firmado cartas públicas denunciando a Trump, y muchos de ellos dijeron que, a pesar de ser republicanos, votarían por Hillary. O sea, en primer lugar, Trump llega sin experiencia previa en asuntos de Estado. En segundo lugar, llega sin la capacidad de formar un equipo, de reclutar entre los mejores del Partido Republicano, entre la gente con más experiencia, la gente más respetada. En tercer lugar, Trump llega con una serie de promesas que rompen tratados, que rompen leyes, que realmente pueden crear un choque de poderes constitucionales. Yo me imagino fácilmente que varias de las iniciativas, de las promesas que ha hecho Trump, van a ser llevadas a los tribunales y probablemente llegarán a la Corte Suprema. Muchas de las cosas que él ha prometido no las va a poder hacer. El va a descubrir que estar sentado en la Casa Blanca implica restricciones mucho más grandes que estar en campaña prometiendo iniciativas que son incumplibles.

Ya fuera de competencia, ¿cómo imagina el rol de Clinton? ¿Va a complicar mucho al gobierno de Trump?
Yo creo que Hillary Clinton absorberá la derrota y se retirará. Después de esto yo no la veo siendo candidata para ningún cargo electivo en Estados Unidos. Además, no hay que olvidar la edad que tiene (69). Seguirá siendo una voz importante, pero creo que se dedicará a tiempo completo a la Fundación Clinton. Su derrota generará también un fuerte debate dentro del Partido Demócrata.

Respecto, precisamente, del Partido Demócrata, ¿cómo ve el futuro de la colectividad tras la derrota de Hillary?
Es un partido que está dividido en cuanto a política económica, en cuanto a políticas del sector privado. Se ha legitimado en esta elección hablar mal del comercio internacional, de los acuerdos de libre comercio, del sector privado, de los grandes bancos. Entonces estamos viendo un partido antiglobalización, anticomercio, antisector privado que está allí. Eso responde a un ala encarnada y representada por Bernie Sanders y Elizabeth Warren.

¿Y a quién ve como líder, como rostro del Partido Demócrata a partir de ahora?
Creo que veremos a Elizabeth Warren adquiriendo un rol más importante, pero no es tan claro, porque hay un ala que no está de acuerdo con eso.

Y en el caso de Barack Obama, ¿en qué papel lo visualiza?
Obama va a ser un líder natural, reconocido y muy respetado. Va a salir con índices de aprobación que no hemos visto hasta ahora. El desempleo está por debajo del 5%. Entre las economías más desarrolladas, la de EE.UU. es la más sólida, tiene todos los signos de fortaleza y eso es gracias a Barack Obama, que comenzó enfrentando la crisis económica más profunda que ha tenido este país desde la Gran Depresión del año 1929. Es también importante notar que en este mundo de la política de los escándalos, Barack Obama y su equipo estuvieron en la Casa Blanca por ocho años y no tuvieron ningún solo escándalo, no fueron acusados de un solo escándalo del tipo que plagó a Donald Trump, por ejemplo, o a Hillary y los Clinton.

Durante la campaña se especuló sobre el rol que jugaría Melania Trump en el gobierno de su esposo. ¿Cómo lo ve usted?
No me jodas…

Por último, en cuanto al foco del gobierno de Trump en materia internacional, ¿que importancia cree que puede darle a América Latina?
Yo creo que en la lista de emergencias internacionales que va a tener que enfrentar el nuevo presidente no está América Latina. La única política de Trump en asuntos internacionales es construir una pared con México y expulsar a los hispanos ilegales. Lo que quiero decir es que cuando Trump llegue a la Casa Blanca la lista de emergencias que va a tener que atender es muy larga, y en esa lista no aparece América Latina. ¿Qué reto de América Latina es comparable con Corea del Norte, que tiene un dictador y ha demostrado ser muy inestable y está desarrollando misiles con la capacidad de llegar a EE.UU. o Japón? ¿Qué reto de América Latina es comparable a eso o con lo que está pasando con la fragmentación de Europa y la posible finalización del proyecto de integración europeo o con la expansión bélica de Rusia o con la crisis de Siria o con lo que está pasando con China? Es muy bueno que América Latina no tenga este tipo de emergencias que requieren la atención de esta superpotencia, porque con frecuencia terminan en tragedia o es que son ya tragedias.

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