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RENOVABLES

El auge de la energía eólica en Argentina

Cuáles son sus diferencias, características y beneficios.

ENERNEWS/ Clarín

Por cada megawatt hora de electricidad proveniente de una fuente renovable se evita emitir 0,68 toneladas de dióxido de carbono. Al reemplazar energía de fuente fósil, el parque eólico Rawson, el más grande de esa fuente que dispone el país, impide por año la emisión de 205 mil tn de los gases que producen el efecto invernadero.

Una de las razones para que el Gobierno haya promovido la instalación de usinas verdes en el país, opción de negocios a la que las petroleras también se sumaron.

Según el programa oficial, en los próximos dos años terminarán las obras para incorporar al sistema algo más de 4600 megawatt, que se añadirán a los más de 800 instalados este año sumando todas las tecnologías del menú: a los molinos de viento se añade la solar y, en menor proporción, la biomasa, el biogás y minihidro.

A partir del 2022 la suma de electricidad verde tendría un ritmo inferior, de entre 600 y 700 mega por año, acompañando discretamente el previsto incremento de la demanda hasta alcanzar 12 mil megas en el 2030. Es decir que casi la mitad de la electricidad renovable prevista en los próximos doce años se incorporará al sistema en el primer trienio, a partir del 2018.

El propósito oficial es honrar la ley, que impone como meta que el 20% de la electricidad consumida en el país en el 2025 sea de esa fuente, obligación que se extiende a los grandes usuarios, forzados a contratarla.

Aquel objetivo no está puesto en riesgo, a pesar de que el desarrollo de Vaca Muerta como fuente cuasi inagotable de gas a priori compite con este tipo de desarrollo. Pero el país tampoco se encamina hacia metas tan ambiciosas como las de países europeos, que en dos décadas prevén limpiar hasta el 80% de sus matrices energéticas.

Aunque está lejos de núcleo de países más nocivos para el ambiente, Argentina debe cumplir con los acuerdos de París contra el cambio climático que la obligan a tomar medidas descontaminantes. La sustitución de los combustibles líquidos que se queman para producir electricidad son un camino para respetar ese compromiso internacional: según el Inventario Nacional de Emisiones, la energía es responsable del 52% de la contaminación generada por el país.

De ahí que exista una legislación bastante amigable con las inversiones del rubro, que incluyen contratos a largo plazo en dólares suscriptos con el sistema a través de Cammesa (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico Sociedad Anónima), un generoso fondo de garantía nutrido con recursos públicos (Foder) y el respaldo del Banco Mundial para los inversores que cumplen ciertas pautas, entre ellas, de respeto al ambiente.

Esos avales, sin embargo, no impidieron que algunos contratos firmados en tres rondas licitatorias que organizó Energía para estimular la generación renovable estén con dificultades para la puesta en marcha por la caída de los acuerdos financieros. Los proyectos fueron pactados a tasas de un dígito, antes de la crisis cambiaria local, que catapultó luego el costo del financiamiento a niveles que comprometieron la viabilidad de algunos proyectos. La suerte de los inversores es dispar.

Grandes jugadores como Genneia, la líder en el mercado de los megas verdes, sobrevivieron por ahora indemnes y hasta anticiparon el cronograma de inauguraciones por proyectos que en conjunto superan los 900 millones de dólares. Otros lanzaron su apuesta fuerte a comienzos del vendaval, como YPF Luz, que ya opera el Parque Eólico Manantiales Behr de 100 MW en Chubut, comenzó la construcción de Los Teros en Azul, provincia de Buenos Aires, y tiene en proyecto el parque eólico Cañadon León en Santa Cruz.

Esta división de la petrolera lidera el mercado entre privados (Mater) como generador de electricidad renovables. Una punta de lanza fue el contrato que celebró con Profértil para proveerle energía de esa fuente. Pero no es la única firma del rubro que se diversifica hacia este segmento sustentable, naturalmente competitivo con el gas y el petróleo.

Pan American Energy ya inauguró un parque eólico de 24 megas en Garayalde, provincia de Chubut. Pampa Energía hizo lo propio en Bahía Blanca con el parque Mario Cerbeiro y tiene en construcción otros tres en territorio bonaerense; Total tiene el parque solar Los Caldenes en San Luis y construye uno eólico en Santa Cruz, parte del paquete de activos de Enren, compañía que compró a nivel global.

Más allá de cómo arriben al segmento verde, las petroleras tienen objetivos en sus planes de negocios que las inducen a desarrollar formas más amigables con el ambiente, anexas al corazón de su actividad. Inspiración similar a la que tuvo el gobierno de Mauricio Macri para crear en el primer año de gestión bajo la Jefatura de Gabinete un cuerpo interministerial para atender los problemas derivados del cambio climático.

Desde la política también se ve el desarrollo de los hidrocarburos y de otras formas alternativas como complementarias y no necesariamente rivales, aunque la prioridad estratégica de Vaca Muerta, los problemas para financiar proyectos locales y la demanda aplastada por la recesión hizo levantar el pie del acelerador de los renovables. Las primeras forman parte de la base del sistema, modernizado por las otras, que contaminan menos pero son más inestables.

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