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Paolo Rocca, personaje 2018: luz y sombra del dueño del establishment

MINING PRESS/ENERNEWS/Noticias

Alejandro Rebossio y Rodis Recalt

Tuvo un año intenso: de megainversor en Vaca Muerta a procesado por las coimas del Cuadernogate. La misteriosa vida del magnate: familia, fortuna, pareja, placeres y aviones.

Paolo Rocca ha tenido un año de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El empresario italiano residente en la Argentina, dueño de la mayor fortuna local y del grupo Techint, fue el que más invirtió en un 2018 de crisis: completó un desembolso de US$ 1.400 millones en el nuevo proyecto estrella de Vaca Muerta, Fortín de Piedra, lo que explica en gran medida el actual aumento de producción nacional de gas, que incluso se ha vuelto a exportar a Chile.

Pero el heredero y conductor del conglomerado empresarial argentino más internacionalizado del mundo dejó de ser intocable y quedó manchado por los cuadernos de la corrupción K: después de un 2017 en el que un fiscal de Milán, la ciudad natal de los Rocca, pidiera su indagatoria por presuntos sobornos pagados en el Lava Jato brasileño, en noviembre pasado el juez Claudio Bonadio lo procesó por abonar coimas y pertenecer a una asociación ilícita supuestamente liderada por Cristina Fernández de Kirchner, los fiscales Carlos Stornelli y Carlos Rívolo pidieron su encarcelamiento y próximanente la Cámara Federal resolverá el caso. Es muy probable que siga libre y sin el cargo de integrar una banda con la ex presidenta, dado el reciente fallo sobre otros empresarios en la misma situación.

Rocca, que con su hermano Gianfelice acumula US$ 4.000 millones, nació en 1952. Seis años antes, su abuelo Agostino había migrado a los 51 a la Argentina de Juan Domingo Perón para continuar con su carrera empresaria. Durante los 25 años del gobierno fascista de Benito Mussolini, Agostino Rocca había ascendido en la industria siderúrgica, clave para el material bélico, hasta convertirse en el CEO del Instituto de Reconstrucción Industrial italiano. Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial (1945), unos partisanos lo tomaron de rehén, pero al día siguiente fue liberado por un capataz comunista que había estrechado buenos lazos con él. Un Comité de Desocupación (Italia fue invadida por Alemania en 1943) lo juzgó y lo absolvió. “¿Para qué estamos en Italia?”, se preguntó entonces Agostino Rocca y fundó la Compagnia Tecnica Internazionale, Techint, por su abreviación telegráfica, con fondos de familiares y amigos. En 1946, comenzó a importar maquinaria a la Argentina, después construyó el gasoducto Comodoro Rivadavia-Buenos Aires y en 1954 empezó su emporio acerero en Campana. Paolo Rocca apenas tenía dos años. Era el hijo de Roberto y hermano menor de Agostino (nieto) y Gianfelice, todos nacidos y criados en Milán.

Roberto Rocca comenzó a trabajar en la Argentina en los 50 junto a su padre, a quien sustituyó al frente del grupo en 1975. En 1976 y 1977 decenas de operarios de Techint desaparecieron. En 1978 murió Agostino Rocca en Buenos Aires y fue enterrado en Campana, donde la avenida principal lleva su nombre españolizado: Agustín Rocca. Sus nietos Agostino y Paolo empezaron a desempeñarse por estas tierras en los 80. En esos años, Roberto Rocca comenzaba a internacionalizar este grupo centrado en acero y construcción, pero que también tiene su petrolera, Tecpetrol, y su compañía de salud en Italia, Humanitas, de la que se encarga Gianfelice Rocca.

Amigos. Rocca junto a otros de los empresarios más importantes de la Argentina. A su lado, de espaldas, Héctor Magnetto.

Rebelde. A diferencia de su abuelo, su padre y su hermano Agostino, Paolo no estudió ingeniería sino Ciencias Políticas. Lo hizo en la pública Universidad de Milán. Eran tiempos en que coqueteó con las Brigadas Rojas, organización guerrillera italiana. Su padre quería que dejara esa universidad. Después se marchó a Harvard a hacer un MBA y trabajó como asistente en el Banco Mundial. Sólo en 1985, a sus 33 años, se incorporó a Techint.

En los 90, Roberto Rocca decidió que su hijo Agostino heredase la conducción del grupo y que Paolo dirigiera el negocio de tubos petroleros, donde Techint domina un tercio del mercado mundial, con la fábrica de Siderca en Campana incluida. Por esos años, Roberto y Agostino Rocca peleaban con la Sevel de Franco Macri por el precio de la chapa que fabricaba Siderar, el nombre con el que rebautizaron la acería Somisa tras quedársela en las privatizaciones de Carlos Menem. Pero en 2001, Agostino (nieto) murió en un accidente de avión camino a la Patagonia y en 2003 falleció Roberto en Milán, con lo que Paolo se quedó con la suma del poder de la corporación. El actual líder del grupo completó la internacionalización de Siderca, bajo el nombre de Tenaris, con plantas en América latina, Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón, y después de Siderar, con el rótulo de Ternium, con presencia en varios países latinoamericanos. A diferencia de Agostino, estaba menos argentinizado y había cosechado menos amistades en el grupo. De hecho, cuando llegó a la cima del poder, apartó del centro de los negocios a históricos ejecutivos como Sergio Einaudi, Carlos Tramutola y Javier Tizado (padre).

Influencia. Pero Techint y Paolo Rocca se han ganado el respeto del mundo empresarial en la Argentina y el resto del mundo. Han logrado lo que ningún grupo de este país en cuanto a la dimensión, la vanguardia y la globalización de sus negocios. La reinversión de utilidades ha sido una de sus claves. Aunque sus grandes clientes se quejan de sus precios, como lo hizo el gobernador cordobés, Juan Schiaretti, las pymes también reconocen su apoyo a la industria local. Por eso el grupo ha gravitado tanto en la Unión Industrial Argentina (UIA), poniendo presidentes de la entidad o colocando economistas en los gobiernos de turno. En la Asociación Empresaria Argentina (AEA) supo estrechar lazos con Luis Pagani, dueño de Arcor, y Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín. Techint impulsó a ministros de Economía como José Luis Machinea en 1999 y Roberto Lavagna en 2002. Siempre se acercó a los presidentes.

Juez. Claudio Bonadio lo procesó en la causa de los cuadernos. La Cámara tiene previsto salvarlo.

Néstor Kirchner y Paolo Rocca lanzaron a toda pompa en 2003 el proyecto del Gasoducto del Nordeste, que iba a ser una iniciativa privada de Techint, pero que terminó empantanado porque al final el Gobierno quiso repartir el negocio entre diversas constructoras. Al principio, Néstor Kirchner lo apoyaba en su pelea por controlar la UIA y encabezar la burguesía nacional. Pero en 2007 la estrecha relación, que habían tejido el entonces ministro de Planificación, el ahora preso Julio De Vido, y el director de relaciones institucionales de Techint y mano derecha de Paolo Rocca, el abogado Luis Betnaza, quedó dañada por el caso Skanska.

El Gobierno se deslindó de las coimas confesadas por la constructora sueca al decir que se trataba de un “asunto entre privados”, es decir, culpó al gran grupo argentino con domicilio fiscal en Luxemburgo. El vínculo empeoró cuando en 2008 el entonces presidente de Venezuela y amigo de los Kirchner, Hugo Chávez, estatizó el 60% que Techint tenía en la siderúrgica Sidor y terminó de arruinarse en 2011 cuando Cristina Kirchner nombró a Axel Kicillof como director por el Estado en Siderar, según recuerdan los periodistas Esteban Rafele y Pablo Fernández Blanco en el libro “Los patrones de la Argentina K”. Aquel año, Betnaza convenció a Rocca de apoyar la efímera candidatura presidencial del radical Ernesto Sanz.

En 2015 se puede advertir el respaldo de Techint a la candidatura de Mauricio Macri en el hecho de que a su gobierno de CEOs se incorporaron varios ejecutivos del grupo: Mario Dell’Acqua, presidente de la energética estatal IEASA; Luis Malvido, jefe de Aerolíneas Argentinas; Miguel Ángel Ponte, que renunció este diciembre al cargo de secretario de Empleo; Javier Tizado (hijo), ministro de Producción bonaerense; y Andrés Edelstein, que también este mes dimitió como secretario de Ingresos Públicos, entre otros. “Es el método Techint: tener un ejército de gente paga para ofrecer como funcionarios a la administración pública. Debe tener una lista de 110”,cuenta uno de los que antes recibía su mensualidad de Roberto Rocca.

Aviones. Casado y después divorciado de la italiana Beatrice Bergamasco, con la que tuvo dos hijos, Paolo Rocca lleva años en pareja con la curadora argentina Adriana Rosenberg, que preside la fundación de arte contemporáneo de Techint, Proa. Pablo, como lo llama su círculo íntimo en la Argentina, apenas se distrae del trabajo con la cultura, desde el arte precolombino hasta el teatro off. Como buen milanés, es practicante del ascetismo. Cuando está en Buenos Aires maneja su Audi o vuela en un monoplaza al interior. Compartió la pasión por volar con su fallecido hermano. Según registros públicos y periodísticos, tiene dos aviones que pilotea como hobby: un Pipper PA-11 y un Cessna T-210-K.

Futuro. Techint es uno de los mayores inversores en Vaca Muerta. El Gobierno y Rocca apuestan a este proyecto.

Vive viajando por negocios. Aunque tiene domicilio legal en una casa de Palermo Viejo, vive en una mansión cerca del río en Martínez. También pasa mucho tiempo por Milán, México y Houston. En sus residencias en la Argentina e Italia tiene duplicados los mismos trajes. Le queda poco tiempo para visitar sus campos en Chubut.

Reservado, tímido, de pocos amigos, suele ignorar a los periodistas cuando tratan de abordarlo en los actos públicos de los que participa. Como en el evento anual de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), donde responsabilizó de los pagos al kirchnerismo a Betnaza, mientras otros patrones asumían la responsabilidad por los sobornos abonados por sus empleados. O como en la jornada que cada diciembre organiza el programa ProPymes, de Techint, donde auguró un repunte económico del país en el segundo trimestre de 2019.

Su compromiso con el gobierno de Macri es tal que, a pesar del estallido del caso de los cuadernos, el Presidente le dio un gesto de respaldo a las pocas semanas de conocerse que el chofer del secretario de Planificación K Roberto Baratta, Oscar Centeno, visitaba los sótanos del edificio central de Techint, en Catalinas. El Presidente visitó a fines de agosto el campo neuquino de Fortín de Piedra.

Ni Rocca ni Betnaza admitieron sobornos ni se arrepinitieron sino que señalaron que este último había ordenado el pago a los entonces funcionarios kirchneristas para que ayudaran en el escape de empleados argentinos de Techint en Venezuela tras la decisión en 2008 de Chávez de estatizar Sidor. Claro que Claudio Uberti, ex encargado de las autopistas y ex embajador paralelo en Caracas, aseguró que las presuntas coimas del principal conglomerado privado de la Argentina habían comenzado antes de ese año. Bonadio descreyó de Rocca y Betnaza.

Pero en el frente judicial el futuro del líder de Techint se ve positivo. Los abogados del grupo tuvieron un fin de año agitado. Por un lado, el estudio Fontán Balestra y, por el otro, el del ex juez Gabriel Cavallo, quienes se encargan de litigar en las causas judiciales que involucran al hombre más rico de la Argentina.

Este 26 de diciembre, Rocca recibió la primer buena noticia de parte del fiscal de Cámara Germán Moldes, que desistió de la apelación de sus colegas Stornelli y Rívolo. La semana anterior, en el fallo de la Cámara Federal que confirmaba el procesamiento de Cristina Kirchner, había una buena noticia para Rocca que pasó casi desapercibida. Los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi le sugirieron a Bonadio que analizara los pedidos de las defensas de Rocca, Betnaza y el supuesto valijero de Techint, Héctor Alberto Zabaleta, quienes justificaron los pagos a los K como un acto necesario por la situación humanitaria que vivían sus empleados en Venezuela. La explicación técnica sería que aquellos funcionarios que cobraron los sobornos en realidad no hicieron actos vinculados a sus funciones directas sino que fue una suerte de servicio de lobby. Los magistrados podrían considerar que, para que el delito sea cohecho, el pago debería estar relacionado a la función de los funcionarios.

Destino. El hermano de Paolo murió en un accidente aéreo. Su abuelo y su padre dirigieron la empresa. Él la comanda desde 2001.

Es probable que el procesamiento de Rocca por cohecho se confirme, pero lo quitarían de la asociación ilícita, como se hizo con la mayoría de los empresarios de la causa. Pero además el hombre más rico de la Argentina tendría bajo la manga aquel pedido para que se revea su situación.

Vuelos. En la causa, la Justicia ha revisado sus registros migratorios y surge, por ejemplo, que en 2017 las únicas salidas de Rocca con su DNI de extranjero en la Argentina fueron cinco y todas a Uruguay por un solo día. El dato sería llamativo si no fuera porque Rocca tiene además un pasaporte italiano, que no fue buscado en la base de datos de la Dirección Nacional de Migraciones.

El avance judicial contra Rocca, Betnaza y Zabaleta ha impactado en forma negativa en las acciones de Tenaris y Ternium, que cotizan en Nueva York. La primera de las compañías, la de tubos petroleros, perdió el 40% de su valor desde que en agosto pasado estalló el escándalo de los cuadernos K. La de Ternium, fabricante de aceros planos, derrapó un 24%.

Rocca fue denunciado en Estados Unidos por un estudio de abogados especialistas en mercados financieros. La demanda que encabeza un inversor llamado Randall Ulbricht busca lograr un resarcimiento de Ternium porque aquellos que compraron acciones en la siderúrgica se vieron afectados por la caída de las acciones tras reconocerse los pagos a funcionarios argentinos. La demanda fue presentada el 29 de noviembre pasado. Los inversores, que compraron acciones en Wall Street, sostienen que los “precios estaban artificialmente inflados” producto de malas prácticas, prohibidas por las reglas del mercado norteamericano. En la denuncia se argumenta que Rocca, presidente de Ternium, sabía que uno de los ejecutivos de su compañía había abonado en efectivo a funcionarios del gobierno argentino de 2009 a 2012 para acelerar los pagos por la estatización de la venezolana Sidor (ver aparte), que era una unidad de negocios de Ternium.

Mejor les va a otras empresas del grupo. La sociedad San Faustin, con sede en Luxemburgo y propiedad de los Rocca, cuenta con el 60% de Tenaris y Ternium y el 100% de Techint Ingeniería y Construcción y Tecpetrol. A fuerza de inversiones, esta última ha pasado de ser una petrolera mediana a la cuarta productora de gas de la Argentina. Claro que también lo ha hecho porque ha sido la más beneficiada en 2017 por la resolución 46 del entonces ministro de Energía, Juan José Aranguren, que premió las nuevas inversiones en Vaca Muerta, tal como reclamaba Techint. Así es que en 2018, Tecpetrol produjo el 7% del gas nacional, pero recibió el 35% de los subsidios, incluidos aquellos de planes anteriores, según reconoció el Ministerio de Hacienda a NOTICIAS. Los negocios del italiano dueño de la mayor fortuna de la Argentina.

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